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 Fuente: www.crisisgroup.org
Después de la caída del régimen de Berisha en 1997, los socialistas llegan al poder. Los sucesivos primeros ministros no conseguirán restaurar la economía ni tampoco encaminar al país hacia un proceso de desarrollo. Fatos Nano gobernará Albania por segunda vez de 1997 a 1998. Le siguen Pandeli Majko (1998-1999), Ilir Meta (1999-2002), de nuevo Pandeli Majko (2002) hasta que- finalmente y por tercera vez- Fatos Nano toma el poder (2002-2005). La incapacidad de todos ellos para sacar al país de su grave situación económica, será explotada en la campaña preelectoral de las elecciones de 2005 por el líder del partido democrático, Salí Berisha. Consigue así regresar con mucha fuerza, asegurándose la mayoría de los votos y creando un gobierno en cooperación con otros partidos políticos más pequeños. Albania vivirá su segunda época bajo el mandato de este demócrata, que tratará de abrir vías y crear contactos, principalmente con los gobiernos europeos de centro-derecha.
Un futuro dudoso Los fuertes enfrentamientos con el partido mayoritario de la oposición de Fatos Nano y el desfavorable clima que se vive en el interior, no permiten tejer las condiciones ideales para una evolución positiva del país. Además del escándalo económico de las pirámides -que afectó de forma tan grave y prolongada a la economía- Albania se enfrenta a problemas de otra índole, cuyas raíces son bastante más profundas y de muy difícil solución. El crimen organizado, las drogas, las violaciones de los derechos humanos, la falta de instituciones democráticas y la inestabilidad política carcomen el interior de Albania. Así lo atestigua un informe elaborado por la Oficina de Programas de las Naciones Unidas sobre Drogas (UN Drugs and Crime Program – UNDCP) que sostiene que los mayores problemas que atormentan al país son el crimen organizado y el tráfico de personas (trafficking), de materiales, de armas y de productos ilegales. El crimen organizado reina en Albania y la incontrolable anarquía permite la creación de centros poderosos que trafican con drogas y armas en Europa, a través de Grecia, Italia y de todos los países de los Balcanes. Se ha convertido así en uno de los factores de mayor inestabilidad en la zona. El país es también el primer productor de marihuana y se considera un punto clave en el cruce del tráfico de grandes cantidades de heroína y cocaína. Albania, en su intento de sacudirse de estos males, considera que el único “salvavidas” al que agarrarse es la Unión Europea. Desde hace tiempo, todos los gobiernos albaneses han manifestado de manera obvia su deseo de ver al país adherirse a la familia europea, pese a saber de antemano que es una meta muy difícil y que requerirá de mucho tiempo. Porque no sólo no funcionan bien las instituciones democráticas del país, sino que también adolece la falta de infraestructuras que resultarían fundamentales. La Junta Europea ha declarado que “para la entrada de Albania en la Unión Europea se exige la consolidación de un clima político positivo y una gradual reforma de su política”. Un hecho revelador es que a todas las elecciones nacionales de Albania, la Comunidad Internacional envía observadores especializados para asegurarse de que éstas se hagan de forma democrática y legal. Desafortunadamente, los informes sobre casi todos los casos son desalentadores; muestran que se violan en numerosas ocasiones las libertades del pueblo albanés y que en muchos de los comicios la violencia y el fraude son habituales, principalmente en la región de Albania del Sur, en la que vive gran parte de la minoría griega. El 18 de febrero de este año se celebraron elecciones municipales en Albania. Este proceso tuvo un interés doble: en primer lugar, por la tensión que ha dominado las relaciones entre el partido democrático que controla Sali Berisha y la oposición - el partido socialista- durante los últimos meses y, en segundo lugar, por la presión que el gobierno ejerció sobre los candidatos de la minoría nacional griega. Los griegos residentes en Albania, una vez más, reclamaron por las condiciones en las que se realizaron las elecciones municipales. El ministerio Exterior griego y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) mostraron también su preocupación. Este organismo expresó su decepción. Las elecciones locales representaron una oportunidad perdida de celebrar unos comicios completamente acordes con comisiones y estándares internacionales y democráticos. Ante este panorama no cabe otra cosa que pensar que el camino que tiene que recorrer Albania para formar parte de la familia europea y mejorar su situación interna, va a ser largo. Y ello a pesar de la ayuda económica continua que le ofrece la Unión Europea -especialmente Grecia- . |