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Codesarrollo: una actitud positiva hacia la inmigración PDF Imprimir E-Mail
escrito por Daniel Kaz   

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Arriban más de 150 inmigrantes a las costas canarias”, “sólo en el fin de semana llegaron 311 inmigrantes clandestinos”, “llegan más de 300 inmigrantes en 48 horas”… Estos son algunos de los titulares de la última semana de septiembre en los medios españoles. Ellos revelan que la inmigración irregular ya es un hecho al que el país tendrá que acostumbrarse. Hay quien elige alarmarse o inventar trabas para forzar la expulsión de los inmigrantes. Pero también hay quien trabaja para ayudarlos a integrarse y hacer que su estancia en España facilite el desarrollo de sus países de origen. En este segundo grupo se encuentran los que promueven el codesarrollo.

El concepto de codesarrollo fue formulado en los años 90 por Sami Naïr, ciudadano francés nacido en Argelia y que ocupó el cargo de delegado del gobierno de Francia para el Codesarrollo y las Migraciones Internacionales en 1998 y 1999. La idea central es que las personas que emigran desde los países en vías de desarrollo hacia los más prósperos puedan contribuir de forma activa tanto al desarrollo de sus comunidades de origen como al de las sociedades en las que son acogidas.  

El Movimiento por la Paz (MPDL), fundado en Madrid en 1983, es una de las ONG que tienen proyectos de codesarrollo. Actualmente, la organización ejecuta un convenio con financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID) y actividades en Malí, Marruecos y España.

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Gracias a ese convenio 18 personas pudieron participar de una clase de informática en Bamako, capital de Malí, el pasado mes de agosto, y la cantante maliense Baou Tunkara pudo actuar en Madrid el día 30 de septiembre.

En el caso de las clases de informática, Movimiento por la Paz contrató un profesor para que enseñara nociones de Word, Excel e Internet a integrantes de asociaciones de Bamako y de Kita, a 170 kilómetros de la capital maliense. Cuando se empezó a darles formación en gestión asociativa – mostrarles como se elaboran proyectos de desarrollo y como presentarlos a financiación de entidades públicas y privadas – se notó que les faltaban herramientas básicas. El manejo de la informática era una de ellas.

Hoy, más de un mes después del inicio de las clases, ya se puede decir que fueron un éxito. Tanto que se estudia la posibilidad de recibir nuevos alumnos próximamente. Casi nadie faltaba a clase. A pesar de los embotellamientos frecuentes de tráfico de Bamako la gente solía llegar antes del horario”, explica el profesor del curso, André Guindo. “Los alumnos, que carecían de recursos informáticos, están más preparados para poner en marcha sus asociaciones al fin del curso”, afirma.

A sus 18 años, Coulibaly Aminata ya participa de las acciones de la Asociación para el Desarrollo de Malí, que produce y comercializa yuca para la población local, gestiona un banco de cereales y ha creado un centro de formación en costura para niños inmigrantes retornados, entre otros proyectos. Aminata recuerda que se dio cuenta de cómo le hacían falta más conocimientos informáticos cuando otras asociaciones le pidieron su dirección de correo electrónico. “En aquel momento entendimos la utilidad de la informática”, explica. Hoy, tras haber finalizado el curso, ya puede comunicarse mejor con otras asociaciones. “Ya no necesito la ayuda de nadie para escribir mis mensajes en Internet”, celebra.   

Image Otro ejemplo del éxito de las clases de informática es Boukary Siriki Mariko, de 28 años. Él es miembro de la Asociación de Jóvenes y Emigrados Retornados de España de Dieoura, que trabaja en la promoción del desarrollo de su comunidad y en la sensibilización de los jóvenes para que permanezcan en su país. “Antes de esta formación ya sabía que la informática era importante. Pero después del curso ya podía poner en marcha el ordenador, editar un texto y corregirlo. Sólo entonces me di cuenta de cómo la informática era aun más importante que lo que pensaba”, afirma Mariko.

Por otra parte, la realización del concierto de Baou Tounkara, la hija del popular guitarrista Djelimady Tounkara, también fue facilitada por el convenio. Es que la Asociación Djigui de Malienses de Madrid recibió apoyo técnico del Movimiento por la Paz para organizar el evento, como ya lo había recibido para los conciertos de otras dos cantantes malienses en Madrid el año pasado. De esa manera, se atiende al primer objetivo del codesarrollo, el de fomentar la integración en los países de destino.

En España, pero con los ojos en Malí

La Asociación de Trabajadores de Diogounté en España puede dar ejemplo de cómo se persigue el segundo objetivo del codesarrollo, que es que los inmigrantes promuevan el desarrollo de sus comunidades de origen. Yamory Kamara llegó a España en 1996 y enseguida se organizó con sus compañeros del pueblo de Diogounté, situado a 300 kilómetros de Bamako. Pero fue en 2003 cuando legalizó su asociación. Eso hizo posible que pudiera recibir financiación pública y privada.

Desde entonces cuenta haber contribuido para la construcción de un centro de salud y de una escuela primaria y una secundaria en su pueblo. En estos momentos Movimiento por la Paz le está ayudando a buscar financiación para un proyecto que prevé la instalación de paneles solares en la radio local, que ha dejado de funcionar por falta de energía eléctrica. Kamara busca también financiación para otro proyecto, el de facilitar el acceso al agua potable en su pueblo, en el que el MPDL no participa.

La gente del MPDL viene conmigo a las reuniones. Ya hemos hecho muchas con cajas de ahorros, presentamos el proyecto a bancos.. Pero hasta ahora no hemos conseguido financiación. Seguiremos intentando”, dice Kamara, que explica por qué sigue trabajando para el desarrollo de su comunidad local, pese a estar fuera de allí desde hace ya 12 años: “estemos donde sea, tenemos la idea de hacer algo en nuestro pueblo natal para acabar con la pobreza”, sentencia.

Entre los inmigrantes subsaharianos que se pueden ver casi todos los días en el distrito de Vallecas, cerca de la estación de tren de El Pozo, hay algunos malienses. En una antigua parroquia, donde el padre Llanos solía dar abrigo a contestadores del franquismo en los años 60 y 70, Movimiento por la Paz recibe hoy a inmigrantes que buscan aprender cómo organizarse o simplemente cómo hablar castellano.  

Image Kamara intentó frecuentar los cursos de gestión de proyectos de asociaciones impartidos por el MPDL en su sede de El Pozo, pero desistió a la tercera semana. “No tenía tiempo en los fines de semana para hacerlo”, alega. Sin embargo, reconoce que las clases de castellano impartidas a algunos de los más de cien miembros de su asociación (según sus propios datos) están siendo muy útiles. “Para uno que está en un país extranjero, es importante hablar el idioma para saber vivir”, afirma.   

La formación a otros miembros de las asociaciones malienses es importante también para romper la tendencia que estos grupos tienen de centralizar las acciones en torno a una sola persona. “Las asociaciones suelen ser personalizadas en la figura del presidente. Buscamos formar a todos los miembros de la asociación en gestión de proyectos”, explica Ana del Manzano, técnico de codesarrollo del Movimiento por la Paz.  

Otras acciones

Para que se empezara a trabajar en la formación de asociaciones en origen y destino de las migraciones se investigaron antes las realidades de Malí, Níger, Marruecos y España, lo que corresponde a una de las seis acciones del convenio de codesarrollo firmado entre el Movimiento por la Paz y la AECID. “Hemos hecho estudios sobre asociacionismo e inmigración en estos cuatro países. El objetivo era conocer el tejido asociativo existente y las rutas migratorias”, cuenta Del Manzano.

Tras conocer más sobre la inmigración en cada uno de estos países, la organización puso en marcha proyectos ajustados a sus realidades. “En Marruecos hacemos desarrollo productivo apícola, incluido apoyo para comercialización de los productos, y formación profesional, que abarca cursos de call center, informática  y audiovisuales”, explica la técnico de codesarrollo, refiriéndose a dos acciones más del convenio.

Como objetivos, la organización busca también comunicar y sensibilizar españoles y extranjeros sobre la cuestión de la inmigración, lo que corresponde a la última acción del convenio. “En origen se trabaja la visibilidad del problema. Aquí en destino hacemos lo que se llama educación para el desarrollo”, dice Del Manzano. Esto incluye iniciativas como hacer que los niños españoles participen de un juego de tablero en el que ellos son los inmigrantes subsaharianos tratando de llegar a Europa. Un equipo de profesionales del Movimiento por la Paz va de escuela en escuela para jugar con los niños. Al mismo tiempo, les hace aprender más sobre esa nueva realidad de lo que enseñan los titulares de los periódicos de cada día.   

 

 

 
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