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Ya hemos sobrepasado el ecuador. Queda menos de la mitad del tiempo establecido para lograr el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y seguimos lejos. De continuar las tendencias actuales o mucho cambian las cosas o el mundo no va a lograrlo. Mientras los gobiernos de los países ricos ponen sobre la mesa cientos de miles de millones de dólares para salvar a los bancos del terremoto bursátil, uno de cada cuatro habitantes del planeta sobrevive en la pobreza.
Barriendo para casa Es una época de vacas flacas. La crisis económica mundial, la subida del precio de los combustibles y de los alimentos básicos no augura nada bueno. Ante este panorama los países del Norte han decidido barrer para casa y han relegado el cumplimiento de los ODM a un segundo plano. Y ello a pesar de que los más vulnerables son los que ya han empezado a sufrir el descalabro de la economía mundial. Según estimaciones del Banco Mundial, 75 millones de personas más pasarán hambre como consecuencia del panorama económico global. Algo alarmante si tenemos en cuenta que el mundo ya cuenta con 1.400 millones de pobres.  Representantes de la Alianza Española contra la Pobreza
Que a estas alturas apenas se haya avanzado en el cumplimiento de las promesas que los líderes mundiales acordaron en el año 2000, resulta difícil de explicar. Más aún si tenemos en cuenta, como señala Pablo Martínez Osés, representante de la Alianza Española contra la Pobreza , que “en estos momentos, en medio de la crisis financiera mundial, estamos asistiendo a una intervención decidida por parte de gobiernos, como el de EEUU, que supone una inversión hasta diez veces mayor de lo que Naciones Unidas estimó necesario para cumplir los ODM”. Así que parece que para paliar la crisis sí ha habido voluntad política. Y dinero. No sólo EE.UU ha desembolsado cantidades desorbitadas. La Unión Europea se ha subido al carro y su blindaje a la banca ya triplica el plan de rescate financiero de Washington. Alemania y París van a la cabeza con los 400.000 y 360.000 millones de euros que, respectivamente, han puesto encima de la mesa. Sin embargo, los países del Norte no hicieron gala de esta generosidad en la Reunión de Alto Nivel celebrada en Nueva York a finales de septiembre y se plantaron en una declaración de buenas intenciones. La Cumbre se celebraba para evaluar avances y fijar nuevos compromisos para el desarrollo. Era una oportunidad decisiva de cara al cumplimiento de los Objetivos del Milenio en 2015. Urgente. Una Cumbre de la que se esperaba mucho: un cambio en la voluntad política y compromisos concretos y verificables. Pilar Orenes, directora del Departamento de Campañas y Estudios de Intermón Oxfam , afirmaba poco antes de que arrancase la reunión que “los líderes no podían limitarse a repetir promesas vacías. Estamos ante una emergencia que requiere medidas tan urgentes e inmediatas como las tomadas estos días para atajar la crisis económica”. Que sería “indecente e imperdonable que ante esta crisis la comunidad internacional abandone a los más pobres”. Pero lo hizo. Únicamente se logró el compromiso de los países de aportar 16.000 millones de dólares al año. Una cifra que se queda corta. Se necesitarían, alrededor de 150.000 al año hasta 2010 para lograr la consecución de los Objetivos del Milenio. Un pronóstico reservado Un simple vistazo al avance del Informe sobre el Estado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio , preparado por el Observatorio de Políticas de Desarrollo de la Plataforma 2015 y más , pone de relieve a qué parte del mundo la comunidad internacional debería dedicar todos sus esfuerzos. Si cuando no había excusas a las que agarrarse, los países del Norte no se habían involucrado lo suficiente en el cumplimiento de los compromisos y en algunas regiones se habían producido retrocesos, ahora que existe una- el descalabro de la economía mundial- es más que probable que tiren de ella para justificar su pasotismo y llegar a 2015 sin los deberes hechos. Por eso, “verificar el cumplimiento de los ODM y contemplar posibles vías que impidan su devaluación de cara al 2015 se hace más necesario que nunca”, afirman desde la Plataforma. En el Informe aparecen algunas luces. Por ejemplo, la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años se está reduciendo. Países como Tailandia y Uganda están combatiendo con éxito el VIH SIDA demostrando que es posible reducir las tasas de infección si se cuenta con visión, liderazgo y recursos. También destacan programas exitosos como el de Educación para Todos de UNICEF y los esfuerzos de los países menos favorecidos para lograr la universalización de la enseñanza primaria. Pero las sombras pesan más. Cada año mueren 10 millones de niños debido a enfermedades que se pueden prevenir o tratar, la mitad en África Subsahariana. La mujer sigue siendo “pobre entre los pobres”: las tasas de mortalidad materna son inadmisiblemente altas en todas las regiones del mundo, el VIH se ha feminizado y de los 115 millones de menores en edad escolar que no asisten a la escuela, el 56% son niñas. Los Objetivos del Milenio relacionados con la salud tampoco dejan mucho lugar para el optimismo. El VIH sigue campando a sus anchas por las regiones más pobres del mundo. Es la cuarta causa de muerte a nivel mundial; la primera en África Subsahariana. Además, a los pobres les hieren y matan otras enfermedades que no han recibido tanta atención de los medios de comunicación: el paludismo se cobra cada año un millón de víctimas mortales, la mayoría de ellos niños y niñas, y la tuberculosis, que se consideraba erradicada, resurge debido a la aparición de cepas resistentes a los medicamentos y a la vulnerabilidad provocada por el VIH/SIDA. La sostenibilidad medioambiental está cada vez más lejos si no somos capaces de revertir las consecuencias de nuestro modelo industrial y de consumo y de frenar las emisiones de CO2. Además, hoy en día cerca de 2.500 millones de personas viven sin ningún tipo de servicios de saneamiento y unos 1.000 millones de personas carecen de acceso a agua potable. Los países ricos y el sector privado tampoco parecen dispuestos a coger la batuta para promover la alianza mundial para el desarrollo tal y como estipula el objetivo 8. A la falta de voluntad política para aumentar la financiación para el desarrollo se suma la consolidación de políticas comerciales y financieras que estrangulan las posibilidades de los países del Sur. Los países ricos, por ejemplo, gastan tres veces más en proteger su mercado agrícola que en financiar el cumplimiento de los ODM. Esto muestra a las claras la vigencia de políticas incoherentes con los principios del desarrollo. España: ¿más que palabras? Antes del viaje a Nueva York, la Alianza Española contra la Pobreza entregaba a la delegación española una maleta repleta de exigencias: aportar más y mejor ayuda oficial al desarrollo, la abolición de las enquistadas deudas bilaterales y multilaterales de los países menos adelantados, el reconocimiento y la destitución de la deuda ecológica, la garantía al respeto de las normas internacionales de trabajo y la cobertura prioritaria de los servicios básicos en las zonas más desprotegidas.
Las palabras de Rodríguez Zapatero en la Cumbre parecían indicar que tal vez las exigencias no habían caído en saco roto. “Los países desarrollados no pueden excusar el incumplimiento de sus obligaciones en la situación de los mercados”, afirmaba el presidente del gobierno español. Pero las buenas palabras quedaron en eso, en palabras. Aún así, el gobierno hizo guiños importantes. El ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos anunciaba el destino de partidas para el Fondo del Agua, el fondo España-PNUD , la iniciativa de Vía Rápida para la Educación y el proyecto ‘Delivering as one ’, pasos positivos pero claramente insuficientes, según Davis Ortiz, miembro de la Alianza que, como representante de la sociedad civil, acompañaba por vez primera a la delegación española en Nueva York.
Y Zapatero ratificaba ante Naciones Unidas su compromiso de alcanzar el 0,7% del PIB destinado a la ayuda al desarrollo. En los últimos cuatro años el porcentaje de la ayuda se había incrementado- en 2004 era del 0,25- y España parecía ir bien encaminada. Pero las cifras que se manejan en el borrador de los presupuestos del Estado para 2009, según la Alianza Española contra la pobreza, no suponen un incremento con respecto a 2008. La ayuda volvería a situarse en un 0,5%.y se pondría en peligro el objetivo que Zapatero prometió de llegar al 0,7 en 2012. El estancamiento se inscribe en un contexto internacional aún más desalentador. Porque la cifra de ayuda oficial al desarrollo de los países ricos se ha reducido. La ayuda desembolsada por los países miembros del CAD (Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE) disminuyó en 2007 por segundo año consecutivo, pasando de 104.400 millones de dólares en 2006 a 103.650 millones. Traducido en relación a la Renta Nacional Bruta de los países desarrollados, la AOD ha pasado de representar el 0,33% en 2005 al 0,28 en 2007. El objetivo del 0,7%, se pierde de vista. Pero es peor de lo que parece. Porque estamos hablando de ayuda inflada que incluye los montos aplicados a la cancelación de la deuda, a la asistencia a inmigrantes en los propios países donantes, a las becas a estudiantes de países en desarrollo para realizar cursos en el país donante y a las asistencias técnicas, entre otros conceptos que no suponen recursos adicionales. La ayuda real, la que supone un verdadero flujo de nuevos fondos hacia los países pobres destinados realmente a apoyar su desarrollo, supuso el 0,25% de la Renta Nacional de los países desarrollados en 2007, el mismo porcentaje que en 2006. El problema no es sólo la escasez de la ayuda. También la falta de eficacia. Seguimos lejos de cumplir los requisititos para que la ayuda sea eficaz. Esto es, que vaya destinada a los países que más la necesitan, que se invierta en servicios sociales básicos, al menos en un 20%, y que esté desligada de intereses económicos y comerciales. En el caso español, las ONG denuncian que repartir el presupuesto entre varias carteras es otro de los factores que resta eficacia a la ayuda. De toda la AOD que destinó España en 2007, menos del 50% estaba controlada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. El resto se repartía entre otras carteras – el Ministerio de Economía y Hacienda es responsable del 31, 48%-, comunidades autónomas y ayuntamientos- que conjuntamente controlan el 10,4%. Que la ayuda sea dispersa, en la mayoría de las ocasiones, acaba mermando su calidad. Los que reciben el dinero tardan más tiempo en justificar toda esa ayuda que en gestionarla. La receta: rebelarse contra la pobreza Con simples promesas es evidente que el mundo no va a lograrlo. Es grave. Porque quedarse cerca no es suficiente. Ni siquiera lograr los ODM es suficiente. Es un paso. Sólo eso. Aún en el caso de que se cumpliera la primera de las metas del Objetivo de Desarrollo del Milenio y se consiguiera reducir a la mitad el número de personas que viven en la pobreza, en 2015 seguirían existiendo más de 1.000 millones de pobres. Aún así es evidente que de cumplirse las promesas que 189 jefes de estado y gobierno acordaron en el año 2000, viviríamos en un lugar mejor. Para instar a los líderes mundiales a que hagan realidad sus compromisos, el 17 de octubre- día internacional para la erradicación de la pobreza- va a conmemorarse con una urgencia aún mayor que en años anteriores. “Una promesa no es nada” es el nombre de la campaña que la Alianza Española contra la Pobreza ha elegido este año para movilizar a la ciudadanía española a que participe en la Semana contra la Pobreza. “Con una promesa no se cura, no se come, no se protege a las personas que se encuentran en situación de pobreza”, alegan. Y es que las promesas no han podido evitar que durante 2008, 50 millones de personas se hayan sumado a la larga lista de los que pasan hambre, a la larga lista de personas para las que el significado de crisis no tiene que ver con el nivel de consumo, sino con “la muerte”. “Es una realidad que nos disminuye a todos como personas”, denuncian desde la Alianza. A pesar de todo, la Plataforma 2015 y más es optimista. “Acabar con la pobreza es posible si se cuenta con voluntad política y se destinan los recursos necesarios”, subrayan. El problema es que hasta ahora el mundo no ha contado con ninguno de los dos requisitos.
Para cambiar esta situación, ciudades de toda España se han sumado desde este domingo a la movilización mundial. Ya se han puesto en marcha acciones simultáneas por toda la geografía que concluirán con la celebración de numerosas manifestaciones los días 17 y 18 de octubre. Si el año pasado cientos de miles de españoles se rebelaron contra la pobreza (más de 40 millones en todo el mundo), la Alianza espera que este año sean todavía más en tanto que la situación global ha empeorado. “Las exigencias ciudadanas se hacen más necesarias que nunca para pasar de las promesas a los hechos. Es momento de moverse”, concluyen. |